las dos caras frente al imperialismo de la Casa Blanca – Pitirre
Irak en 2003. Iran en 2026. Jose Maria Aznar y Pedro Sanchez. Dos presidentes del Gobierno diferentes, de partidos diferentes, y de maneras diametralmente opuestas de hacer politica internacional. En aquellos tiempos, España fue un agente seguidista de Estados Unidos y de sus intereses geopoliticos belicos y quedo escenificado en una fotografia infame que paso a la historia, que es la que ilustra esta noticia: la del conocido como trio de las Azores, compuesto por el entonces primer ministro britanico, Tony Blair, el entonces presidente estadounidense George Bush y el propio Aznar. Los tres se reunieron para deliberar sobre el asalto militar a Irak, bajo la presuncion de que este pais tenia en su arsenal unas presuntas armas nucleares cuya existencia jamas pudo demostrarse. Aquel seguidismo termino teniendo consecuencias para la poblacion civil española, con el atentado en la Estacion de Atocha que se atribuyo Al-Qaeda como represalia por el apoyo español a la invasion. 23 años despues, con Sanchez la posicion ha sido diferente: decirle a Donald Trump que no puede utilizar para lo que le plazca con las bases militares de Rota y Moron, una clara declaracion de intenciones para no convertirse en complice del caos en Oriente Medio.
El proceso que desemboco en la guerra de Irak se gesto durante años. Washington comenzo a construir la justificacion de la intervencion desde 2001, mucho antes de la comparecencia del secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, ante la Organizacion de las Naciones Unidas en febrero de 2003. En aquella sesion defendio la existencia de armas de destruccion masiva en Irak, una afirmacion que posteriormente nunca pudo demostrarse.
El propio año de la invasion y en los meses previos al inicio de la guerra de Irak, Aznar comparecio en varias ocasiones ante el Congreso. Concretamente el 4 de marzo de 2003, acudio a la Camara para recabar apoyo a la controvertida resolucion 1441 impulsada por Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, que salio adelante con 183 votos favorables frente a 164 en contra. En esa sesion, el propio Aznar no defendio la propuesta desde la tribuna, tarea que asumieron el entonces diputado Gustavo de Aristegui y el ministro y futuro candidato electoral Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno reservo su explicacion politica para el pleno celebrado el 18 de marzo, en la vispera del inicio de los ataques.
El Gobierno de Aznar tambien recordo entonces otro precedente para defender su posicion: el envio de buques españoles al Golfo Persico en 1990, tras la invasion de Kuwait por parte de Irak. En aquella ocasion, el Ejecutivo socialista de Felipe Gonzalez ordeno el despliegue de tres navios sin consultar previamente al Parlamento, una decision que el Grupo Popular, entonces en la oposicion, no cuestiono. La intervencion militar se produjo entonces bajo el amparo de una resolucion practicamente unanime del Consejo de Seguridad de la ONU que autorizaba el uso de todos los medios necesarios para expulsar a las tropas iraquies de Kuwait.
«Defensa de la legalidad internacional»
Tuvieron que pasar diez meses, hasta el 2 de diciembre de 2003, para que Aznar regresara al Congreso para explicar de nuevo la participacion española en Irak. La comparecencia se produjo pocos dias despues del asesinato de siete agentes del Centro Nacional de Inteligencia en aquel pais. En esa intervencion detallo el dispositivo militar aportado por España a la coalicion internacional. Entre otros medios, el Ejecutivo puso a disposicion el buque Galicia, equipado con capacidad hospitalaria y quirurgica; vehiculos y embarcaciones de apoyo; una unidad de 120 infantes de Marina; asi como unidades del Ejercito de Tierra especializadas en ingenieria y defensa nuclear, bacteriologica y quimica, con capacidad para tareas de desminado, reconocimiento quimico y radiologico y operaciones de descontaminacion.
Tras trasladar su pesame por las victimas, el entonces presidente defendio la continuidad de la presencia española en la zona y sostuvo que España tenia «una obligacion de solidaridad con aquellos paises de los que es aliado y con los que comparte la defensa de la legalidad internacional». Ese fue el punto de Aznar para justificar la participacion española en la operacion, un movimiento de politica exterior que la posteridad ha demostrado como erroneo.
23 años despues y una postura completamente distinta
Si en 2003 el protagonista fue el seguidismo ciego de Aznar y las graves consecuencias que acarreo en el corazon ferroviario de la capital española, 23 años despues las cosas son muy diferentes. El presidente del Gobierno, Pedro Sanchez, y el ministro de Asuntos Exteriores, Union Europea y Cooperacion, Jose Manuel Albares, imponian a Estados Unidos la prohibicion de utilizar las bases militares que Washington tiene en territorio español, las de Rota y Moron, para fletar tropas y aviones en direccion al conflicto en Iran. Un movimiento con el que el Gobierno de Sanchez pretendia erigirse como un estandarte del ‘no a la guerra’, de encontrar una posicion moderada en el conflicto y de no hacer seguidismo ciego a la potencia mundial de turno en sus propios conflictos e intereses.
«España ha dicho que no podemos utilizar sus bases militares, pero podemos volar y utilizarlas, no tenemos que pedir permiso. Estan siendo muy poco amigables, España no tiene nada que nosotros queramos», se emberrinchaba Trump ante la prohibicion española, al tiempo que opinaba que nuestro pais es «un pueblo fantastico», pero «tienen unos dirigentes terribles».
«Fueron el unico pais que no aceptaron subir el gasto en defensa al 5% y se quedaron en el 2%. Vamos a cortar todas las relaciones comerciales con España porque no tenemos nada que ver con ellos», amenazaba el republicano, que deslizaba que tampoco esta «contento» con la postura de Keir Starmer en Reino Unido, quien descarto sumarse a la ofensiva sobre Iran en aras de no cometer «los mismos errores que en Irak» en 2003. «No se que motivos pueden tener para no participar», agregaba Trump ante los medios de comunicacion. La historia enseña valiosas lecciones y ya son muchos los precedentes de que acompañar a Estados Unidos en sus misiones sin hacer atisbo alguno de critica ni arquear ninguna ceja no trae buenas consecuencias.
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