El feminismo se reorganiza en un 8-M marcado por la lucha contra el auge reaccionario que busca revertir sus avances historicos – Pitirre
En 1892, Clara Zetkin se hizo cargo del periodico La Igualdad (Die Gleichheit). Zetkin, que habia regresado a Alemania un año antes -tras la derogacion de las leyes antisocialistas de Otto von Bismarck-, convirtio el diario en «una herramienta excepcional» para despertar las conciencias socialistas, especialmente de las mujeres. Fue bajo su iniciativa que en agosto de 1907 se organizo la I Conferencia de la Internacional Socialista de Mujeres, en Stuttgart. Un encuentro que se repetiria en 1910 y del que, de nuevo a propuesta de Zetkin, se aprobaria celebrar el 8 de marzo como Dia Internacional de la Mujer Trabajadora. La idea era rendir «tributo a las huelguistas neoyorquinas» que se habian manifestado en 1908 por mejores salarios y el derecho al voto, y «a todas las mujeres» que habian dado su vida «contra la explotacion». Asi lo recoge en el prologo del libro Conversaciones con Lenin la Fundacion Federico Engels.
Eran los años previos a la I Guerra Mundial. Si algo tenia claro Zetkin era el papel del feminismo contra la escalada militar. La III Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas contra la Guerra celebrada en 1915 con el lema «Guerra a la guerra» da cuenta de ello. Esa tradicion de movilizacion feminista contra la guerra no se detuvo con el final del primer gran conflicto mundial. Durante los años 30, y especialmente ante el avance de los fascismos en Europa, se consolido un movimiento internacional de mujeres que vinculo de forma explicita feminismo, antifascismo y pacifismo.
Este proceso cristalizo en la creacion del Comite Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo. Fue una de las experiencias de movilizacion femenina mas relevantes de la primera mitad del siglo XX, segun explica Sandra Blasco Lisa en El Comite Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, y sus relaciones con España. Tuvo, ademas, un desempeño fundamental en la resistencia civil en el caso español, frente al golpe de Estado de julio de 1936, tal y como explica Noelia Adanez en su tribuna
Una historia de alianzas feministas.
«El feminismo tiene que ser radical»
Esa tradicion de alianzas feministas frente a la reaccion conservadora -alianzas de base, construidas desde el activismo y la organizacion social- tambien estuvo muy presente en el dialogo celebrado en Publico esta semana, con motivo del especial del 8-M, entre Justa Montero y Ayme Roman. Ambas coincidieron en la importancia de reivindicar un «feminismo radical», un «feminismo que siempre que no se diluya va a resultar incomodo». Asi como en señalar la necesidad de reforzar los espacios colectivos.
Ayme Roman, filosofa y divulgadora feminista, puso el acento en las limitaciones de los canales actuales de debate y difusion, especialmente en las redes sociales, donde «acabamos priorizando mensajes muy simples, reduccionistas» que dificultan explicar la complejidad de los problemas feministas. A su juicio, este «activismo algoritmico» favorece consignas rapidas y viralizables que simplifican debates profundos y puede ir «en contra del feminismo» cuando impide desarrollar argumentos mas intrincados.
Justa Montero, activista historica y autora de diferentes publicaciones especializadas, por su parte, reivindico la tradicion asamblearia del movimiento feminista como una herramienta para desactivar prejuicios y recuperar memoria politica. Recordo que esa cultura politica asamblearia permite «tener el tiempo, poder argumentar, poder pensar y poder dar pie a lo que es la inteligencia colectiva». En su experiencia -que se remonta a las movilizaciones de los años 70-, procesos colectivos como los que condujeron a las huelgas feministas de 2018 y 2019 demostraron precisamente esa potencia. Hablaba de espacios donde mujeres de distintas generaciones y trayectorias pudieron debatir, confrontar posiciones y construir diagnosticos comunes sobre las distintas realidades de las mujeres.
Desde ese punto de vista, Montero defendio que esa practica colectiva constituye una de las principales fortalezas del feminismo. Es lo que ella misma describe como la «mochila» politica llena de herramientas organizativas, memoria compartida y capacidad de analisis colectivo para afrontar los nuevos desafios que plantean los discursos antifeministas o negacionistas.
Roman y Montero deslizaron, a su vez, lo importantes que han resultado -en este sentido- las aportaciones del feminismo interseccional. Poner tus ideas en conversacion con otras compañeras, reflexionaba Montero, te permite revisar tus propias premisas: «Ahi estamos mujeres de distintas edades. Mujeres muy jovenes y mujeres que ya
somos mayores. Y efectivamente la percepcion de muchas cosas en el dialogo es distinta». Una perspectiva que tambien reivindica la escritora, investigadora y activista antirracista Zinthia Álvarez Palomino, para quien las violencias que atraviesan a las mujeres no pueden entenderse sin atender a las relaciones entre genero, raza y clase.
Zinthia Álvarez Palomino : «La jerarquizacion de los cuerpos se construyo durante los procesos de colonizacion»
Como explica a Publico, cuando hablamos de violencia machista, negacionismo o racismo es necesario recordar que estas violencias «no son aisladas ni operan de manera individual, sino que se entrelazan con el racismo estructural» y tienen su origen en «la jerarquizacion de los cuerpos que se construyo durante los procesos de colonizacion«. Procesos imperialistas sobre los cuales se han apoyado historicamente las guerras, que en estos momentos tambien se pueden observar al ser testigos del genocidio contra el pueblo palestino en Gaza o los ataques que esta liderando el Gobierno de Donald Trump contra Iran, Venezuela y Cuba.
El feminismo negro ha aportado importantes herramientas para comprender como operan hoy estos discursos. Álvarez Palomino argumenta que cuando la violencia machista deja de entenderse como un problema estructural y comienza a explicarse desde enfoques culturales, se produce un desplazamiento peligroso: «La misma violencia pasa a interpretarse de manera distinta segun el grupo que la ejerza; nacionales o personas no blancas». Ese giro permite que proliferen ideas que se presentan como feministas pero que, en realidad, «refuerzan el racismo y consolidan las fronteras simbolicas dentro y fuera del Estado», alimentando la construccion de un enemigo interno y los relatos nacionalistas.
La interseccionalidad -concepto desarrollado por Kimberle Crenshaw- permite comprender precisamente como operan estas jerarquias.
Como señala Álvarez Palomino, «genero, raza, clase y origen configuran la credibilidad social». Basta observar quien sostiene el trabajo domestico, los cuidados o buena parte del trabajo agricola para entender como el capitalismo contemporaneo sigue reproduciendo jerarquias heredadas de la historia colonial. De ahi que, para Álvarez Palomino, combatir simultaneamente violencia machista, negacionismo y racismo institucional implique «ampliar, no restringir, la democracia» y reconocer como sujetas plenas de derechos a todas las personas.
Algunas de estas ideas han quedado tambien reflejadas en los manifiestos como el de la Comision 8M, que este 2026 ha reivindicado explicitamente un feminismo antifascista y ha llamado a construir alianzas amplias frente a los discursos reaccionarios. Bajo el lema Feministas antifascistas. Somos mas. En todas partes, la plataforma ha apelado a fortalecer las redes de organizacion y solidaridad frente al avance de la extrema derecha.
La distancia entre las instituciones y los activismos
Ejemplo de trabajo para la articulacion de las intuiciones feministas es Almena Feminista, «una cooperativa de trabajo asociado» que nacio con la voluntad de «trabajar para la incidencia politica social hacia una mayor transversalizacion de la perspectiva feminista interseccional en la sociedad y en las politicas publicas».
Es interesante escuchar su valoracion sobre la complejidad que implica llevar todos estos posicionamientos a las instituciones: «A pesar de que haya años de trabajo, de reflexiones y recomendaciones para politicas publicas mas transformadoras, muchas veces las instituciones no escuchan realmente estas orientaciones», lamenta Amanda Alexanian, socia trabajadora de Almena y experta en incorporacion de la perspectiva feminista a proyectos. En su opinion, esto provoca que se mantengan inercias que impiden cambios estructurales y que las mejoras sugeridas por la sociedad civil feminista queden reducidas a modificaciones superficiales.
Amanda Alexanian : «Muchas veces las instituciones no escuchan las orientaciones transformadoras»
Al mismo tiempo, Alexanian subraya en declaraciones a Publico que la actual reaccion antifeminista no puede entenderse como un fenomeno espontaneo. La virulencia de estos discursos responde, a su juicio, en buena medida a los avances logrados por los movimientos feministas en los ultimos años y a su creciente impacto en la opinion publica. Pero tambien forma parte de «una estrategia politica del neoconservadurismo y de la extrema derecha a nivel global», que se alimenta de narrativas como el victimismo masculino o la idea de que el feminismo supone un ataque contra los hombres. De ahi la importancia del trabajo que desarrollan organizaciones como Almena, como entidad que trata de vehicular las propuestas que se vienen elaborando en asociaciones y colectivas de base.
Espacios colectivos frente a derivas reaccionarias
En los ultimos años, diversos informes han alertado de un crecimiento de discursos antifeministas entre parte de la juventud, amplificados por las redes sociales y por estrategias politicas impulsadas desde la extrema derecha. Sin embargo, otros estudios, como el presentado por el Consejo de la Juventud este mes de febrero, muestran una realidad mas compleja y heterogenea. El analisis Mas alla del compromiso y la reaccion.
Narrativas sobre la igualdad de genero entre la juventud de España distingue entre distintos perfiles generacionales y señala que las posiciones claramente contrarias a la igualdad son minoritarias, mientras que una mayoria de jovenes se situa en posiciones favorables a la igualdad de genero, ya sea desde una identificacion feminista (34,6%) o desde un perfil que se define como «igualitario» (42,1%).
Respecto a ese debate sobre los cambios generacionales, la activista Justa Montero pedia en el dialogo organizado por Publico leer con cautela algunos de los datos. A su juicio, «las encuestas, a veces, como todo, permiten varias lecturas». En referencia a uno de los estudios que mas difusion ha tenido recientemente -el Barometro de Juventud y Genero del FAD, donde se destacaba que
mas de la mitad de los varones jovenes desconfia del feminismo y lo ve como una «manipulacion politica»-, señalo que el resultado depende en gran medida de como se formulan las preguntas. «Si lo que se pregunta es si el feminismo es una herramienta de manipulacion y adoctrinamiento ideologico… Se alimenta el marco del discurso, de la narrativa capciosa, de la extrema derecha», explico. En ese caso, recordaba, cerca de la mitad de los jovenes varones respondian afirmativamente.
Justa Montero:
«Si lo que se pregunta es si el feminismo es una herramienta de manipulacion… Se alimenta el marco de la extrema derecha»
Sin embargo, cuando en la misma encuesta se planteaban preguntas sobre igualdad, «cambia completamente: el 77,4% dice que si» a que los valores relacionados con la igualdad son esenciales para la convivencia. Para Montero, esa diferencia muestra, por lo menos, que el debate es mas complejo. Por eso, concluia diciendo que es necesario analizar como se construyen esas percepciones y «pensar como esto se esta proyectando politicamente y publicamente».
Por su lado, Ayme Roman, al pensar esta misma cuestion de los jovenes, hizo hincapie en su sospecha de que «cada vez tenemos menos tolerancia al disenso y a sentir incomodidad cuando escuchamos algo que no encaja al 100% con lo que pensamos». La divulgadora hizo autocritica y afirmo que esta dinamica puede acabar generando «una especie de camara de eco dentro de los propios feminismos». Algo que «va en contra de la tradicion de los feminismos», que siempre se han caracterizado por ser espacios de discusion politica y elaboracion colectiva.
El informe del Consejo de la Juventud advertia, en el mismo sentido que Montero, de que las actitudes de la juventud hacia la igualdad «no deben entenderse como posiciones rigidas o excluyentes», ya que entre los distintos perfiles identificados existen solapamientos y transiciones. De hecho, el analisis subraya que las diferencias en torno al feminismo no se explican unicamente por la edad, sino tambien por factores como la ideologia, el nivel educativo o el contexto social en el que se socializan las personas jovenes. Desde el Consejo invitan a «ir mas alla de lecturas estrictamente generacionales».
Es precisamente en esa diversidad de posiciones donde muchas activistas ven tambien una oportunidad politica. La existencia de amplias mayorias jovenes sensibles a la igualdad refleja, en buena medida, el impacto de decadas de avances feministas y abre un espacio para seguir ampliando derechos.
Frente al ruido, los feminismos siguen desplegando una intensa actividad gracias a sus bases que a menudo queda fuera del foco mediatico. Como muestran las voces recogidas en este reportaje, continua siendo un movimiento profundamente vivo, que se reorganiza, amplia sus alianzas y refuerza su activismo para afrontar una nueva etapa marcada por la reaccion politica, pero tambien por la defensa de vidas dignas donde quepan todas.