Donald Trump, como Bush en 2003, esconde a sus muertos entre funerales secretos en EEUU – Pitirre
Donald Trump, igual que hiciera George W. Bush durante la guerra de Irak en 2003, ha optado por mantener un perfil bajo en torno a la gestion publica de los fallecidos, recurriendo a ceremonias discretas y, en algunos casos, alejadas del foco mediatico en Estados Unidos. No ocurrio asi con la primera llegada de soldados estadounidenses caidos en Iran, que fue televisada y recibida por Trump y el vicepresidente J.D Vance.
El presidente Trump obviaba gran parte de la complejidad de la operacion e ignoraba las capacidades de respuesta de los ayatolas. Por ello, los norteamericanos no contemplaban ni la caida de sus nacionales, ni desplegar tropas en suelo irani.
Esta invasion perdio popularidad entre los estadounidenses en dos años. En marzo de 2003, el 71% de los estadounidenses afirmaba que Estados Unidos habia tomado la decision correcta al utilizar la fuerza militar en Irak.
Ese porcentaje cayo al 47% en 2005, tras la revelacion de que no habia armas de destruccion masiva. Sin embargo, esos partidarios siguieron apoyando firmemente la invasion en encuestas posteriores.
En 2018, poco mas de la mitad de los estadounidenses creia que Estados Unidos no habia logrado sus objetivos, independientemente de como se hubieran definido esos objetivos en Irak.
Durante la invasion de Irak, la Administracion de Bush fue duramente criticada por la falta de visibilidad de los soldados caidos, con restricciones a la difusion de imagenes de feretros llegando al pais y homenajes que se desarrollaban lejos de la atencion publica. Aquella estrategia fue interpretada por sus detractores como un intento de reducir el impacto politico y social del coste humano de la guerra.
Mas de dos decadas despues, algunas voces establecen paralelismos con la forma en la que el entorno de Trump ha gestionado situaciones sensibles relacionadas con victimas, señalando una tendencia a evitar actos publicos de gran repercusion y a favorecer ceremonias de caracter mas reservado.
Criticos de esta estrategia consideran que este tipo de practicas contribuyen a diluir el debate publico sobre las consecuencias de determinadas decisiones politicas, especialmente en contextos de conflicto o crisis. A su juicio, la ausencia de actos visibles limita el reconocimiento colectivo del sacrificio de las victimas y reduce la presion social sobre los responsables politicos.
Por el contrario, sectores afines defienden que se trata de una cuestion de respeto a la intimidad de las familias y de evitar la instrumentalizacion mediatica del dolor. Argumentan que no todas las ceremonias deben convertirse en eventos publicos y que la discrecion puede ser, en algunos casos, la opcion mas adecuada.
El debate, en cualquier caso, reabre una cuestion recurrente en la politica estadounidense: el equilibrio entre la transparencia institucional y la gestion del impacto emocional y mediatico de las perdidas humanas en momentos de especial sensibilidad.
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