El exodo saharaui hacia Canarias: “Nos fuimos pensando que volveriamos en unos dias y han pasado 42 años” : Entretenimiento de España
Tres vasos de te. El primero, amargo como la vida. El segundo, dulce como el amor. El tercero, suave como la muerte. El ritual de los saharauis se repite a diario tambien entre los norteafricanos asentados en Canarias. “A veces tendras que tomarte el cortado y salir corriendo porque tienes que ir a trabajar, pero en el Sahara normalmente se toma con calma. Es un arte, un rito”, explica el saharaui Ely Ould Hamdi desde el barrio lagunero de La Cuesta, en Tenerife.
La charla es distendida. Miro a Ely Ould sentada desde el suelo, sin zapatos y sobre una alfombra arabe. Por fuera todos los edificios de viviendas parecen iguales, pero en el barrio, los negocios atisban diversidad. Un bar de empanadillas argentinas corona la esquina de la avenida principal, una arepera venezolana sirve al lado y una escuela de taekwondo ofrece clases en un callejon.
Mientras toma el primer vaso de te (amargo como la vida), Ely Ould cuenta su historia, que es tambien la de su pueblo. Él fue hijo de ganaderos saharauis, dueños de camellos. “Éramos gente con dinero, tener camellos significaba algo”, narra. Crecio en El Aaiun cuando aun era colonia española, tenia una casa hecha con cemento y compartia la vida en el desierto con colonos peninsulares y canarios. “Yo me siento canario, creci jugando al baloncesto en mi ciudad con ellos”, relata.
Cuando los españoles ocuparon el Sahara Occidental en busca de riqueza, los canarios encabezaron la lista por una cuestion de cercania geografica. Asi lo recoge la tesis doctoral de la historiadora Beatriz Andreu de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. “En el Sahara existian tres estratos sociales: los peninsulares ocupaban el primer lugar, seguidos de los canarios y, por ultimo, los saharauis”, añade.
En el recuerdo de los saharauis, los canarios se asentaron como un pueblo hermano ahuyentados por el paro y la escasez de la posguerra. Ahora son los saharauis los que se han ido instalando en los barrios de las ciudades canarias, a donde han ido llegando en su huida de la ocupacion marroqui tras abandonar España el territorio. “En el Sahara, los canarios ocupaban los puestos que los peninsulares no querian”, recuerda Ely Ould. La historia no se repite en el Archipielago: “En Canarias los saharauis ocupamos puestos diversos. Yo he mandado sobre canarios”, ejemplifica.
El 6 de noviembre de 1975, semanas antes de la muerte del dictador Francisco Franco, Marruecos invadio el Sahara Occidental a traves de la Marcha Verde. El Reino alaui “envio familias marroquies a ocupar los territorios saharauis”, recuerda ahora Sukeina Ndiaye, quien en aquel preciso momento estaba en la escuela, tenia 13 años. “Hablaban de que España nos abandonaba, de que Marruecos nos ocupaba y yo no entendia nada”. “Nos pillo en casa”, recuerda, por su lado, Aomar Abed. Despues de aquello, Sukeina y Aomar emigraron y rehicieron su vida junto a su familia en Canarias, pero no olvidan sus origenes.
Canarias con el Polisario
Desde los primeros años de la ocupacion, los canarios ya cantaban la consigna “El pueblo canario con el Frente Polisario”. En las islas, se extendio el miedo a convertirse en los siguientes en ser abandonados por España, explica Anselmo Fariña, coordinador de recursos naturales de la Asociacion Canaria de Amistad con el Pueblo Saharaui. El Sahara Occidental era el punto de atraque de decenas de pescadores españoles y, en especial, canarios.
“Comemos mas gofio que los canarios, incluso comemos cuscus con gofio”, esa mezcla de granos de cereal tostado y simbolo de la gastronomia canaria, detalla la presidenta de la Asociacion Saharaui en Tenerife, Sukeina Ndiaye. Su vinculo con el pueblo canario viene de lejos: su madre trabajaba de enfermera en la ciudad de Güera, en el sur del Sahara Español, frontera con Mauritania. Alli atendia a los canarios que enfermaban durante el periodo de pesca. Crecio junto a otros canarios, eran sus iguales.
Por razones de proximidad, Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria concentran en la actualidad la mayoria de las comunidades saharauis. A estas islas se ha sumado en los ultimos años la de Tenerife. “El trabajo en la construccion entre los años 90 hasta la crisis del 2008 llamo a muchas familias saharauis a asentarse en la isla”, cuenta Ely Ould.
Mientras Ely Ould sirve el segundo vaso de te comienza la historia (dulce como el amor). El presidente de la Asociacion Saharaui en Gran Canaria, Andada Deidihi, describe a los saharauis como pequeños embajadores en el archipielago. Él eligio vivir en la barriada de Escaleritas en Las Palmas atraido por las historias que su padre le contaba sobre sus viajes a la isla. Andada Deidihi estudio el grado superior de tecnico en radiologia en Cuba, respaldado por las becas del pais americano, pero esa formacion fue insuficiente para ejercer como tal en España, donde trabaja como ayudante de cocina en Las Palmas.

Uno de los grandes sueños de Deidihi es tener un local para enseñar, compartir y debatir acerca de la lucha saharaui. “La historia del Sahara es poco conocida por los jovenes canarios y españoles, ya solo la recuerdan los mayores”, se lamenta. “No es lo mismo que te lo cuenten a que lo vivas”, añade su compatriota Abed Jalil.
El pueblo saharaui quedo dividido entre el Sahara Occidental ocupado por Marruecos, el ocupado por Mauritania, los campos de refugiados de Tinduf que se asentaron en el sur de Argelia y los que emigraron fuera de África. “Nos fuimos pensando que en unos dias volveriamos a ver a nuestra familia, y han pasado 42 años”, se lamenta Aomar Abed, expresidente de la Comunidad Saharaui en Gran Canaria y fundador de una Coordinadora Sindical Canaria de Apoyo al Pueblo Saharaui (COSCAPS).
Cuando tuvo lugar la Marcha Verde, Aomar tenia 18 años. Su padre lo envio a Canarias con su hermano mayor para evitar que fuera a la guerra, en Las Palmas se caso con una mujer de la isla y tiene dos hijas y un hijo, todas graduadas: una psicologa, otra medica y el hijo es enfermero. Aomar vive en pleno centro de la capital grancanaria, en la ciudad mas poblada del Archipielago, en un piso y trabaja como operario en un ayuntamiento de la isla.
“Quizas tuvieron la mala suerte de heredar mi color de piel”, dice entristecido, al reconocer que no habia sido consciente de ser una persona racializada hasta que llego a Canarias. En el archipielago se ha privado de vestir con la gandora, el traje tipico de los hombres saharauis. A la entrevista con Publico acude con pantalones y una camisa de botones. “¿Te imaginas que salga a la calle con el lagrimal del ojo pintado como hacia mi padre en el Sahara? ¿Que dirian de mi?”, explica sobre como tuvieron que cambiar sus costumbres a raiz del exilio.
La melhfa: identidad y causa de las mujeres
Sukeina Ndiaye, sin embargo, viste con una melhfa, una prenda de colores y estampados caracteristica del Sahara Occidental. Segun un estudio de la Universidad de Valladolid, esta prenda se ha convertido, en el ultimo medio siglo, en un simbolo de identidad politica y de la lucha por la causa saharaui. “Una vez, en un bar, un hombre se sorprendio por que supiera pedir un barraquito [preparado de cafe tipico de Canarias] o leer el periodico”. “¿Tu marido te deja?”, le preguntaron. “No respondi, luego quiso invitarme al cafe, pero me negue. Tengo mi propio dinero, le dije”.
Sukeina Ndiaye: “Un hombre se sorprendio por que supiera pedir un barraquito o leer el periodico”
Para reagrupar a los suyos, Sukeina Ndiaye tuvo que esperar años. Llego a Canarias hace 22 años, cuando su madre enfermo y fue trasladada al archipielago para ser atendida por su hermana, que es medico. Una vez alli, pudo reunir a sus hijos, que estaban repartidos en diferentes familias españolas de acogida. Trabajo como camarera de piso y camarera en la restauracion. A pesar de las adversidades, pudo hacer frente a los gastos economicos gracias a miembros de su gran familia: “Siempre hay alguien a quien acudir”, indica.
Ahora es traductora en el campamento Las Raices, en Tenerife, donde acompaña a personas migrantes en los tramites de solicitud de asilo o para asistir al medico. “A veces en los juicios me confunden con la madre del acusado o su amiga. No cabe en la cabeza de algunos que una mujer como yo pueda ser traductora”, expresa.
Tambien forma parte del colectivo feminista en Canarias y es un rostro habitual en las cabeceras de las manifestaciones del 8 de marzo o el 25 de noviembre. “Me he propuesto hacer frente a las injusticias a las que me enfrento por ser una mujer africana y musulmana, lo hago por todas las mujeres que no pueden defenderse porque no hablan el idioma”, añade.
La amargura del pueblo saharaui
No hay un censo del numero de saharauis asentados en Canarias. El problema con los datos sobre el pueblo norteafricano es herencia de su tratamiento en el franquismo y de su situacion como territorio ocupado, tal y como recoge el estudio Censos, Identidad y Colonialismo del Sahara Español (1954-1970) realizado por Pablo Estevez para la Universidad de La Laguna. La dictadura franquista comenzo a interesarse por la poblacion saharaui cuando descubrio en los años 50 su potencial economico en la extraccion de fosfatos. Luego los militares africanistas hicieron los primeros recuentos. “Los numeros nunca representaron a la misma poblacion, sino a imaginarios nacionales y coloniales asentados sobre ella”, relata el citado texto.
Tampoco el Gobierno de Canarias tiene cifras sobre la diaspora saharaui en el Archipielago. Ni los representantes del pueblo saharaui entrevistados en este texto. “Es muy dificil saberlo y tener datos exactos”, cuenta Anselmo Fariña. Los diferentes colores del pasaporte de los saharauis (argelinos, marroquies, españoles o apatridas) dificultan el registro.
Los diferentes colores del pasaporte de los saharauis (argelinos, marroquies, españoles o apatridas) dificultan el registro
Empezamos a tomar el ultimo vaso de te (suave como la muerte). La distancia con las familias que aun quedan repartidas entre el Sahara ocupado o los campamentos de refugiados pesa para los saharauis. “Esa es la amargura de nuestro pueblo, no poder despedirnos de nuestros seres queridos”, se lamenta Aomar Abed. El Gobierno de Marruecos penaliza el activismo politico por la autodeterminacion del pueblo saharaui y a veces impide la entrada de los activistas. A sus 67 años, Aomar quisiera ser enterrado en el Sahara, pero se siente egoista solo por pensarlo: “Soy feliz aqui, con mi familia, ellos me ayudan a contrarrestar esa pena, pero no puedo evitar sentirla”, confiesa.
El pasado sabado 12 de noviembre, el activista y periodista Mohammed Salem Buchraya volo desde Lanzarote hacia El Aaiun. Tiene un cancer terminal y esta en cuidados paliativos; decidio ir a morir junto a su familia. Vivia desde hace 12 años en Lanzarote. Sin embargo, el Gobierno de Marruecos lo devolvio a Canarias sin darle la oportunidad de morir en su casa.
Los saharauis dejaron de nacer como españoles cuando se produjo el abandono de la colonia, para convertirse ante los ojos del derecho internacional en apatridas. Segun datos del Ministerio del Interior, el 94% de las personas que solicitaron acogerse al Estatuto de Apatrida en 2019 eran saharauis. Las asociaciones de saharauis a lo largo del archipielago trabajan para que no se pierda el foco de la lucha. A pesar de que la ocupacion marroqui ocurrio hace 42 años, el pueblo saharaui mantiene su lucha por la autodeterminacion del Sahara Occidental.

