«La impunidad de los crimenes de la dictadura facilita su repeticion» – Pitirre
Es sabado, al alba, en los alrededores de la carcel de Carabanchel. Tres hombres esposados suben a un furgon. Se dirigen al patibulo de Hoyo de Manzanares. Alli les espera su sentencia. Una sentencia resultado de un proceso sin garantias, sin derecho a defensa, sin rastro de legalidad. Son aun muy jovenes. De 21, 24 y 27 años. Militantes del FRAP, el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota. Parte de un escarmiento, de un golpe de fuerza de una dictadura que agoniza. Que intenta desesperadamente esconder su debilidad. Tres vidas con nombres: Jose Luis Sanchez-Bravo, Xose Humberto Baena y Ramon Garcia Sanz.
Se enfrentan a la muerte por turnos. A cara descubierta. En una fecha que quedara salpicada de sangre para siempre en el calendario. 27 de septiembre de 1975. No son los unicos. Esa misma madrugada otros dos hombres han corrido la misma suerte. Dos miembros de ETA. El primero es ejecutado frente al muro del penal de Burgos. Ángel Otaegui, de 33 años. El segundo, en Barcelona, en un bosquecito junto al cementerio de Cerdanyola del Vallès. Jon Pardes, Txiki, de 21. Entre los cinco cierran la lista de fusilados del franquismo. Con la firma y el beneplacito de un dictador ya moribundo.
Los asesinatos de Jose Luis, Xose, Ramon, Ángel y Txiki fueron el resultado de cuatro consejos de guerra. Unos consejos en los que hubo mas procesados. «Nuestras detenciones se produjeron a lo largo del mes de julio», recuerda en conversacion con Publico Manuel Blanco Chivite, superviviente del segundo de estos consejos. «No nos ocurrio nada excepcional. Pasamos por lo que era el canon de comportamiento de las fuerzas represivas de la dictadura«, continua el antiguo militante del FRAP. Palizas, torturas, interrogatorios.
Torturas en la Puerta del Sol
Todo ello en la conocida sede de la Direccion General de Seguridad (DGS). En la emblematica Puerta del Sol. «La Policia de la dictadura detenia por decenas, por centenas, y luego aplicaba el terror en la DGS», confirma Pablo Mayoral, otro de los encausados. «Eran redadas masivas, publicadas en la prensa. El diario ABC titulaba Desarticulado el comando del FRAP y salia la fotografia de 20 personas, fueran o no militantes de esa organizacion. Asi funcionaba», explica. «Por la DGS pasamos miles de personas. Todavia son muchos los que cuando cruzan por alli se estremecen al ver las rejas de las celdas bajas. Esa es la historia que deberia contarse». La historia de la actual sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid.
Una vez detenidos -y apaleados-, tocaba prestar declaracion. «Se abre un sumario militar. Evidentemente sin abogados ni defensa ni nada», describe Blanco. «El coronel instructor de nuestro consejo, el primero de los dos que se celebro en El Goloso (Madrid), acudia a la DGS a un despacho de la Brigada Politico-Social. Ahi declarabamos delante de el esposados y con dos policias a cada lado. Si aquello no le satisfacia, volviamos a ser apaleados. Y de vuelta al interrogatorio«, rememora el que fuera periodista. «Habia que rehacer las declaraciones o recomponerlas hasta que cuadraran con su version de los hechos. Hasta que pensaran: Bueno, creo que ya hemos conformado -por no decir fabricado- el caso adecuadamente para nuestros objetivos«, continua denunciando.
Manuel Blanco Chivite: «Estuvimos un mes practicamente en condiciones de tortura. Desde las palizas hasta el aislamiento total y completo»
De ahi, les trasladaron a la carcel de Carabanchel. A la espera de juicio. “Estuvimos en las celdas de aislamiento de una galeria subterranea que se llamaban CPB, celdas de prevencion bajas”, hace memoria Blanco. «Alli, por la noche, entre las 12 y la 1 de la madrugada, seguian apareciendo el servicio de informacion y el juez para tomar nota», asegura. Hasta finales de agosto, todavia sin un abogado a la vista. «Nos detuvieron en torno al 20 de julio y hasta el 22 de agosto o asi no tuvimos un primer contacto con nuestras defensas. Es decir, estuvimos un mes practicamente en condiciones de tortura. Desde las palizas hasta el aislamiento total y completo. En una celda en las que habia que sentarse en el suelo y donde solo habia un agujero», refiere el antiguo militante del FRAP.
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Confesiones bajo tortura, sin pruebas ni testigos
Llego el dia de su juicio. 12 de septiembre. “En 20 minutos, el coronel instructor Mariano Martin Benavides habia rechazado todas las pruebas que aportaban las defensas. Unas 120 pruebas. Por tanto, los abogados no podian presentar ni alegar nada”, explica Blanco. “Ademas, en los sumarios de la Brigada Politico-Social se recogia que habia habido tres testigos de los hechos, del ataque al policia armado del que se nos acusaba. Tres testigos de la propia Fiscalia”, incide el entonces encausado. Tampoco se les llamo a declarar. Todo el procedimiento se baso en las supuestas confesiones de los detenidos, obtenidas bajo tortura. En un juicio sumarisimo, resuelto a las pocas horas.
Al dia siguiente se conocieron las sentencias. Tres penas de muerte, de las 11 que llegaron a firmarse entre los cuatro consejos. «Fue todo una cosa programada, acordada en un despacho de forma premeditada. Se eligieron las localizaciones, quienes formaban los tribunales y hasta las propias sentencias. Dos aqui, tres alli, cinco en el otro lado, uno en este otro sitio», critica Mayoral. «Las sentencias estaban firmadas de antemano. Nos lo estaba diciendo hasta el ultimo mindundi de la Policia, del ejercito o de los funcionarios de la prision», insiste.

La presion internacional y de las calles surtio efecto. Se consiguieron seis conmutaciones por penas de carcel. Entre ellas la de Manuel. No se pudo hacer nada, en cambio, por los otros cinco condenados. Finalmente los fusilaron. «Cuando nos dejaron salir de la celda serian ya a las 10 o las 10.30 de la mañana. Ese dia nos incorporaron a una galeria que no tenia ese regimen de absoluto aislamiento. Podias salir al patio una o dos horas al dia. Alli, los compañeros de otras tres o cuatro organizaciones, de siglas diferentes, se acercaron a nosotros en silencio total y nos fueron abrazando», rememora Blanco.
Cincuenta años despues, Manuel y Pablo siguen trabajando para preservar su memoria. Este año lo hacen participando en la escritura y publicacion de un libro: 27 de septiembre 1975, los ultimos fusilamientos de la dictadura franquista (El Garaje), de la plataforma abierta Al Alba. Tambien organizando una exposicion en la Fundacion Anselmo Lorenzo. Sin olvidar los actos de homenaje organizados para el propio dia del aniversario. «Dentro del movimiento por la memoria historica se suele reivindicar Verdad, Justicia, Reparacion y, de una forma un tanto angelical, garantias de no repeticion.
La impunidad en que ha quedado ya el francofascismo, la dictadura y sus mas significativos representantes, beneficiarios y represores es un primer paso para la posibilidad de que se repita.
La impunidad facilita la repeticion«, advierten los entrevistados.