Little Richard, heroe y villano ‘queer’ : Entretenimiento de España
El documental de Lisa Cortes ‘Little Richard: I am everything’, estrenado en el festival In-Edit y que este viernes llega a las salas de cine, pone el acento en los factores ‘queer’ y racial que, segun la tesis de la directora, privaron al cantante fallecido en 2020 de la corona de rey del rock and roll. Sin pasar por alto las sangrantes contradicciones del personaje. A partir de la pelicula y de la biografia autorizada ‘La explosiva historia de Little Richard’ (Penniman Books, 2008), escrita por Charles White y cuya lectura es como fumarse un carton de paquetes de cigarrillos sin filtro, se perfila a continuacion a un artista capital y abracadabrante.
Billy Wright fue una influencia decisiva para Little Richard. Tanto por “su estilo de cantar blues, con gritos propios de la musica gospel”, a decir del pupilo, como por su estetica: ropas llamativas, pelo permanentado en un imponente ‘pompadour’ y maquillaje. A traves de Wright consiguio la citada primera grabacion. A tocar el piano le enseño Esquerita, que vestia de forma aun mas llamativa y lucia un ‘pompadour’ aun mas imponente que Wright. Lo conocio en el restaurante abierto toda la noche de la estacion de autobuses Greyhound de Macon, que Little Richard frecuentaba “en busca de sexo, claro esta”, segun sus palabras. En adelante, usaria la exageracion musical, visual y verbal como capa protectora que le permitia hacer lo que le daba la gana en un mundo hostil con los raros, un poco a la manera de los bufones.
La contracultura de la decada de 1960 hizo fosfatina a los artistas de blues, rhythm and blues y rock and roll anteriores, por mucho que con ellos hubiera empezado todo. Del primero al ultimo, eran reliquias al empezar los 70. Lo cual no significa que no hicieran buenos discos. Little Richard, por ejemplo, grabo una trilogia estupenda con material nuevo para la entonces muy relevante marca Reprise: ‘The rill thing’ (1970), ‘King of rock and roll’ (1971) y ‘The second coming’ (1972). La portada del tercero es una cima del orgullo ‘queer’, cuando ni siquiera se oteaba el activismo ‘queer’.
El conflicto que su educacion religiosa y la homofobia general, por un lado, y su homosexualidad, por el otro, generaban en Little Richard alcanzo el cenit, al menos en publico, en una entrevista en el programa televisivo de David Letterman en 1982. Tras presumir de que fue uno de los primeros gais en salir del armario, dijo que ya no era gay porque “Dios creo a Adan para estar con Eve, no con Steve”. No era una de sus agudezas, sino un eslogan favorito de la derecha cristiana estadounidense, en auge bajo la presidencia de Ronald Reagan. Un ejemplo de libro del autoodio que no pocos homosexuales sentian en una sociedad cada vez mas conservadora y en la que tenian poderosos amplificadores voces que consideraban el sida un castigo divino a los homosexuales. Tal vez el autoodio estuviera exacerbado por una decada de consumo disparatado de drogas.
En 1984, Little Richard reclamo judicialmente una millonada a Specialty y a las editoriales musicales Venice y ATV en concepto de derechos de autor no satisfechos desde que abandono la discografica para entregarse a Dios por primera vez. Por ejemplo: “Walt Disney saco al Pato Donald cantando ‘Tutti frutti’ y uso mis canciones en tres de sus peliculas… Pero los de Disney no tuvieron ni el detalle de enviarme una felicitacion por Navidad”. Podemos dar por sentado que todos los artistas de los inicios de la musica popular moderna fueron estafados por la industria en mayor o menor medida, maxime los negros, pero Little Richard fue pionero en poner el grito en el cielo. La demanda se resolvio fuera de los tribunales: Michael Jackson, propietario de ATV, a la que tambien pertenecia el catalogo de los Beatles, habria aflojado la mosca. En la ceremonia de los Premios Grammy de 1988 Little Richard y David Johansen fueron los encargados de entregar el galardon al Mejor Artista Nuevo. El de Macon robo el espectaculo con un discurso de envoltorio zumbon y contenido amargo en el que afeo al ‘establishment’ musical su falta de reconocimiento hacia el.

