salvar a una ONU en horas bajas – Pitirre
La ONU abre esta semana el tramo mas visible de su relevo, aunque la decision final siga lejos y en otras manos. Todavia quedan conversaciones opacas, apoyos por amarrar y el paso decisivo por el Consejo de Seguridad. Pero la entrada en escena de Michelle Bachelet, Rafael Grossi, Rebeca Grynspan y Macky Sall sirve ya como punto de partida de una sucesion que llega cuando la organizacion exhibe mas fragilidad que autoridad. No porque le falten frentes; le sobran. El problema es otro: la sensacion de que Naciones Unidas mira los grandes conflictos desde una esquina, condicionada por los vetos de las potencias, presionada para adelgazar gastos y obligada a justificar una relevancia que antes se daba por supuesta. Las comparecencias se celebran esta semana en la sede de Nueva York, con intervenciones de Estados miembros y sociedad civil, dentro del proceso para cubrir un mandato de cinco años a partir del 1 de enero de 2027.
La foto de salida ya dice bastante. Hay cuatro candidaturas declaradas, menos que en 2016, cuando Antonio Guterres se impuso entre 13 aspirantes. Tres llegan desde America Latina: Bachelet por Chile, Grossi por Argentina y Grynspan por Costa Rica. El cuarto es el expresidente senegales Macky Sall. La composicion del grupo refleja dos inercias del sistema. La primera, la regla no escrita de la rotacion regional, que coloca a America Latina como favorita para relevar al portugues Guterres. La segunda, la presion creciente para que una mujer ocupe por primera vez la Secretaria General de una organizacion que, en 80 años de historia, nunca la ha tenido.
Eso explica parte del interes por esta carrera. La otra parte la pone el contexto. El proximo secretario general no administrara una maquinaria mas o menos estable. Heredara una institucion en plena crisis de autoridad. Las grandes potencias siguen apelando al orden internacional cuando les conviene y lo perforan cuando estorba. La ONU puede convocar, mediar, documentar, asistir. Le cuesta mucho mas imponer.
Una sucesion que habla mas del mundo que de la propia ONU
Las comparecencias de Nueva York se presentan como un ejercicio de transparencia. Lo son, al menos mas que en el pasado. Antes de la reforma del proceso impulsada hace una decada, la eleccion del secretario general se cocinaba casi por completo entre bastidores. Hoy hay audiencias, documentos de vision y un cierto escaparate publico. Pero el nucleo duro sigue donde siempre: en el Consejo de Seguridad. El secretario general lo nombra la Asamblea General por recomendacion del Consejo. Traducido: cualquiera de los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— puede tumbar una candidatura.
Ese dato no es un detalle tecnico. Condiciona toda la carrera. La ONU pide reformas, diversidad, legitimidad y renovacion. A la vez, deja el filtro decisivo en manos de las mismas potencias que bloquean buena parte de su actuacion cotidiana. Esa contradiccion acompaña cada eleccion. Tambien esta. Puede haber una candidata con mejor perfil politico, otro con mas experiencia multilateral o una aspirante que encaje mejor con el clima regional. Nada de eso basta si uno de los cinco decide que no conviene. El proximo secretario general tendra que lidiar con un mundo fracturado. Para empezar, tendra que sobrevivir al embudo de quienes mas han contribuido a fracturarlo.
En ese marco, la sucesion dice bastante del estado del planeta. No se busca solo a un diplomatico solvente. Se busca a alguien capaz de moverse en un tablero donde el multilateralismo pierde terreno y la autoridad moral ya no basta. Guterres ha puesto voz a muchas alarmas. Otra cosa es que esa voz haya logrado modificar el curso de los acontecimientos. Su sucesor o sucesora se encontrara con el mismo dilema, quiza mas afilado: hablar con claridad y asumir choques con las potencias, o preservar el acceso a los despachos a costa de perder peso politico fuera de ellos.
America Latina llega con ventaja, pero no con una sola voz
La tradicion de la rotacion regional no esta escrita en la Carta de la ONU, pero pesa. Y este turno apunta hacia America Latina y el Caribe. No es casual que tres de los cuatro aspirantes vengan de ahi. Tampoco que el debate se haya desplazado hacia que tipo de candidatura puede llegar mas lejos: una figura con capital politico global como Bachelet, un perfil tecnico y negociador como Grossi, o una multilateralista de reforma y desarrollo como Grynspan.
Michelle Bachelet llega con una combinacion rara de experiencia presidencial, peso internacional y marca propia en derechos humanos. Fue dos veces presidenta de Chile y alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. Tiene nombre, red diplomatica y visibilidad. Tambien arrastra desgaste politico. El nuevo Gobierno chileno le retiro el apoyo en marzo, aunque Brasil y Mexico mantienen el respaldo. Ademas, existen ciertas reticencias de sectores conservadores de Estados Unidos hacia su candidatura, hasta el punto de que el enviado de Washington a la ONU dejo entrever objeciones sobre su idoneidad. Bachelet entra a la carrera con curriculum fuerte y pista resbaladiza.
Rafael Grossi ofrece otra cosa. Es un diplomatico de carrera, dirige desde 2019 el Organismo Internacional de Energia Atomica y se ha movido en dos expedientes que pesan mucho en la escena global: Iran y la central de Zaporiyia en Ucrania. Habla el idioma del sistema. Tambien el de las potencias. Reuters lo situa entre los favoritos precisamente por sus vinculos con los cinco permanentes. Ese puede ser su principal activo y, para algunos, su limite: un candidato eficaz para navegar el equilibrio del Consejo, menos evidente como figura politica capaz de devolver a la ONU una voz propia.
Rebeca Grynspan ocupa un punto intermedio. Economista, ex vicepresidenta de Costa Rica y actual secretaria general de la UNCTAD, combina experiencia politica y carrera multilateral. Su discurso insiste en la reforma, el desarrollo y la igualdad. “No estoy esperando un trato especial. Quiero un trato igualitario”, dijo a Reuters cuando se le pregunto por la posibilidad de ser la primera mujer al frente de la organizacion. Tiene menos foco mediatico que Bachelet y menos familiaridad con el Consejo que Grossi. A cambio, puede presentarse como una candidata con menos rechazo previo y con una agenda mas pegada a la brecha entre Norte y Sur.
La deuda con una mujer ya no cabe en una nota al pie
En cualquier otra institucion, 80 años sin una mujer en el maximo cargo serian una anomalia imposible de disimular. En la ONU tambien lo es, aunque la conversacion haya tardado en imponerse. El propio lanzamiento oficial del proceso recordo la necesidad de tener en cuenta la igualdad de genero y la diversidad regional. El problema es que esas apelaciones conviven con inercias muy viejas. La historia de los secretarios generales la han escrito hombres, casi siempre diplomaticos de consenso, casi siempre seleccionados en un equilibrio opaco entre grandes capitales.
Esta vez hay dos aspirantes con opciones reales de romper esa secuencia: Bachelet y Grynspan. No es un asunto ornamental. La eleccion de una mujer no resolveria la crisis de la organizacion ni cambiaria por si sola la relacion de fuerzas en el sistema internacional. Pero si tendria un valor politico evidente en una institucion que ha hecho de la igualdad una parte central de su discurso publico. Y obligaria a comprobar si ese compromiso llega hasta la cuspide o se detiene un escalon antes.
Tampoco conviene simplificar. La presion para que llegue una mujer no convierte automaticamente a cualquier candidata en favorita. Bachelet carga con resistencias ideologicas claras. Grynspan puede padecer el problema inverso: respeto amplio, entusiasmo mas limitado. En una eleccion filtrada por vetos, los simbolos importan, pero no desbordan el calculo geopolitico. La pregunta no es solo si ha llegado la hora de una mujer. Tambien es que mujer puede atravesar el Consejo.
Cuatro perfiles, cuatro maneras de leer la crisis
Si se observan juntos, los cuatro nombres dibujan una discusion de fondo sobre que necesita ahora la ONU. Bachelet representa la apuesta por una figura politica conocida, con autoridad en derechos humanos y capacidad de interlocucion publica. Grossi, la del operador tecnico que ya ha lidiado con expedientes explosivos y puede resultar aceptable para las potencias. Grynspan encarna una via reformista con acento en desarrollo, igualdad y legitimidad del sistema. Sall introduce otra conversacion: la del Sur Global y la de una África que reclama mas peso en las instituciones internacionales. El expresidente senegales ha defendido precisamente una reforma del Consejo de Seguridad mas favorable a los paises en desarrollo.
Al final, la eleccion no resolvera por si sola la pregunta que la sobrevuela desde el principio: que puede hacer hoy un secretario general cuando quienes mas invocan la estabilidad internacional son a menudo quienes mas la desgastan. De momento hay cuatro nombres y varias lecturas posibles.
Sumate a
Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.
hazte socio
